Reflexiones del PRI sobre las Escrituras | Viernes después de Epifanía

Evangelio
Lucas 5, 12-16

En aquel tiempo, estando Jesús en un poblado, llegó un leproso, y al ver a Jesús, se postró rostro en tierra, diciendo: “Señor, si quieres, puedes curarme”. Jesús extendió la mano y lo tocó, diciendo: “Quiero. Queda limpio”. Y al momento desapareció la lepra. Entonces Jesús le ordenó que no lo dijera a nadie y añadió: “Ve, preséntate al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que Moisés prescribió. Eso les servirá de testimonio”.

Y su fama se extendía más y más. Las muchedumbres acudían a oírlo y a ser curados de sus enfermedades. Pero Jesús se retiraba a lugares solitarios para orar.

Reflexión del Evangelio en palabras de Monseñor Don Fischer

Jesús, como ser humano, sabía que cuanto más sanara a la gente, más difícil le resultaría moverse. Pero lo que me encanta de este pasaje es la pregunta: ¿Qué quieres hacer realmente, Jesús? ¿Quieres enseñarnos todo lo que el templo no nos enseñó? ¿Quieres que aprendamos más sobre nuestras raíces?

No, lo que más desea es disipar la oscuridad. Eliminar el dolor, eliminar la lepra, que es una imagen de la naturaleza pecaminosa que todos hemos heredado. Eso es todo lo que desea. Y si eso le cuesta tener dificultades para llegar a la gente, nunca renunciará a este don tan maravilloso.

El Reino de Dios se trata de sanación y transformación, no de información.

Oración final

Padre, el poder es algo difícil de manejar para los seres humanos. Nuestro ego se complace en pensar que proviene de nosotros, lo que nos coloca en una posición de importancia. Pero el verdadero don del Reino de Dios no es recibir poder para hacer grandes cosas por el bien de nuestro propio ego, sino simplemente tener un corazón que anhela que los seres humanos encuentren paz y luz en la vida. Nuestra intención es lo que realmente importa. Y te pedimos esto en el nombre de Jesús, Amén.

Kyle Cross