Reflexiones de las Escrituras | Miércoles de la IV semana de Pascua

Evangelio
Juan 12, 44-50

En aquel tiempo, exclamó Jesús con fuerte voz: “El que cree en mí, no cree en mí, sino en aquel que me ha enviado; el que me ve a mí, ve a aquel que me ha enviado. Yo he venido al mundo como luz, para que todo el que crea en mí no siga en tinieblas.

Si alguno oye mis palabras y no las pone en práctica, yo no lo voy a condenar; porque no he venido al mundo para condenar al mundo, sino para salvarlo.

El que me rechaza y no acepta mis palabras, tiene ya quien lo condene: las palabras que yo he hablado lo condenarán en el último día. Porque yo no he hablado por mi cuenta, sino que mi Padre, que me envió, me ha mandado lo que tengo que decir y hablar. Y yo sé que su mandamiento es vida eterna. Así, pues, lo que hablo, lo digo como el Padre me lo ha dicho’’.

Reflexión del Evangelio en palabras de Monseñor Don Fischer

Jesús intenta señalar a los escribas y fariseos que Aquel a quien se niegan a aceptar es Dios mismo. Jesús está lleno de Dios, y la presencia de Dios es algo que los fariseos no experimentan.

Son propensos a juzgar. Constantemente condenan a las personas por no cumplir la ley. Y aquí está Jesús, proclamando a viva voz que Él no es otra cosa que luz. Él quiere que las personas vivan. No le interesa condenar a nadie. No desea infligir castigo alguno a nadie. Solo desea que no permanezcan en el lugar en el que se encuentran, pues el pecado conlleva su propio castigo intrínseco.

Elegir la oscuridad es vivir en la oscuridad. Elegir la luz es vivir en la luz.

Oración final

Padre, siempre nos resistimos a lo nuevo. Pero vemos, en el ejemplo de los escribas y fariseos, la absoluta insensatez de apartarse de aquello que es vida y luz. Ábrenos para ver y escuchar la plenitud de tu mensaje, de modo que podamos vivir verdaderamente en el Reino de Dios y seguir manifestándolo. Y esto te lo pedimos en el nombre de Jesús. Amén.

Kyle Cross